Su perfil entre las sombras*

A Sergio Stull, a su memoria

Quise ver tu perfil entre las sombras
rojo como la roja lluvia
rostro raspado por los años
quise ver
tu perfil entre las sombras
con las palomas de abril/en los confines de marzo
enlazando palabras en la cesta
con las palomas de abril/en los confines de marzo
cigarrillos de miel
raspados
enlazando palabras en la cesta
destello de tu no esperanza
el aguijón jugando al blanco
de lado a lado
cigarrillos de miel
rojos
como la roja lluvia
que raspa
la uña
de los condenados.

Patricia Severín

*Poema inédito trabajado sobre la forma del Pantoum (Junio 2011)

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Textos breves


“Sabe que ha vivido siempre con el corazón en la mano. Sabe que ha pagado su precio por ello, pero también ha madurado recompensas. Cuando una sigue su camino con el corazón, a menudo sangra. Pero cuál es la alternativa: ¿un alma cauterizada?”

Erica Jong


Fotografía: Juan Pablo Bagnarol

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Poemas con Bichos

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Amor en mano y cien hombres volando

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La loca de ausencia

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Presentación del libro “Helada Negra” en la XXIII Feria del Libro de Santa Fe

Se llevó a cabo el viernes 23 de septiembre en la Estación Belgrano de la Ciudad de Santa Fe. A continuación, las palabras del escritor Carlos Roberto Morán durante la presentación.

Sabemos que el cuento tiene una alta significación en la literatura argentina, desde “El matadero”, pasando por “El aleph”, hasta llegar a nuestros días y, más allá de las buenas novelas que escribieron y escriben autoras y autores de nuestra región a lo largo de los años, me atrevo a decir que el cuento es el género por excelencia de Santa Fe.

No es afirmación original. Ya Edgardo Pesante lo sostenía hace casi cincuenta años, en un pequeño ensayo en el que habló sobre el tema. Los años siguientes no han hecho más que confirmar su aserto.

En el último tiempo, por lo menos tres libros –sin duda hay más, esto es apenas un pantallazo, una aproximación al tema- han venido, para mí, a confirmar esta convicción. Hablo de “Luces de Navidad”, de Francisco Bitar, “El viejo del agua”, de José Luis Pagés y la presente “Helada negra”, de Patricia Severín. A mi juicio, son tres hitos que refuerzan la idea de que Santa Fe está hecha para el cuento. Que el cuento la define, en términos literarios, en términos de creación.

No tengo una respuesta teórica a esto que ocurre, algo que emerge como certificado en los hechos, pero más allá de coincidir o rechazar lo que termino de expresar, me parece que lo que sobresale es que el género, tan poco tomado en cuenta por los editores, en nuestra región al menos goza de una excelente salud.

“Helada negra” es el título del libro y también el del cuento con el que Patricia cierra su libro. Es para mí el fuerte símbolo de lo que nos quiere mostrar, demostrar.

En otro espacio, comenté este libro y para hacerlo busqué la definición técnica de la helada negra. La repito acá. A ella se la especifica de una manera que me exime de otros comentarios. “Se considera a la helada negra como el terror de los agricultores porque no hay cultivo que la sobreviva, incluyendo a los más resistentes. En estas circunstancias no hay formación de escarcha por lo que el frío lento y persistente ataca directamente a las estructuras internas”.

La información precisa que “a nivel celular aparecen cristalitos en forma de cuchillos que desgarran la maquinaria interna de las células y las membranas internas se desecan a causa del mismo proceso de congelación”.

Resultado: “La necrosis de los tejidos dañados se ennegrecen de golpe como consecuencia de la podredumbre y si los daños afectan a partes vitales, como el tronco y las hojas, la planta muere”.

El título juega con una segunda interpretación, que enlaza aún más con lo anteriormente enunciado: el hada negra, vale decir lo siniestro, cuando no la muerte. La muerte física pero también la posible, cierta, muerte de los sentimientos. Tres, de los diez cuentos que integran esta selección, son para mí los más significativos. El que da título al libro, “El hombre que más amó a mi hermana” y “Corazón de erizo”. Es, por supuesto, elección subjetiva, pero al mismo tiempo son los cuentos capitales (a mi entender) que sustentan el todo de este libro.

Y lo hacen porque hablan precisamente de aquello que centralmente moviliza a Patricia cuentista: el amor, el desamor, las emociones a flor de piel, los afectos, y hasta, digamos así, la tristeza ínsita de la vida. En “El hombre que más amó a mi hermana”, ardua, autobiográfica, dolorosa y también, como una suerte de contrapartida o contrasentido, un verdadero canto a la vida, al amor que supera o intenta superar, un gesto que sabemos imposible, a la muerte, aparecen la sinrazón de lo que ocurre, nos ocurre, la tragedia, sin que podamos ni prevenirla ni detenerla, y también la decisión de alguien que ha decidido amar más allá de la lógica apelando, precisamente, a lo imposible.

Hay además allí un misterio que el lector deberá develar, como misterios sobre las relaciones humanas que se presentan envueltas en la figuración y en la hipocresía de lo social, convergen en “Corazón de erizo”. Y como misterio, y canto al amor maternal, aguardan al lector en esa suerte de grito primario, primordial, que es el cuento “Helada negra”.

Patricia ha dado sobradas muestras de que se expresa con mucha solvencia tanto en la novela como en la poesía y el cuento, pero tengo para mí que es éste el género que más la representa. O, si ustedes quieren, donde mejor podemos oír su voz.

Y qué voz. Que fuerte voz que nos habla del mundo que la rodea con intensidad, con dolor, con valentía, con clara potencia poética. Leerla es encontrarse con quienes quien nos cuenta sus historias, válidas y secretas, con un decir propio de mujer, que vale la pena escuchar. Que es necesario escuchar.

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Homenaje y presentación de los libros de la poeta Graciela Geller

El Viernes 19 de agosto, a las 20 hs, se presentarán dos libros de la poeta Graciela Geller. La escritora ya fallecida dejó su legado en el libro “Mona blanca trepada en el octavo”. Además se suma la reedición de “Amor en mano y cien hombres volando”, un libro escrito por la misma autora hace 23 años junto a Patricia Severín y Adriana Díaz Crosta. La cita es en la Caja de Ingenieros.

Recordamos que la autora Graciela Geller nació en Paraná en el año 1945 y fue una poeta reconocida. En el año 2002 fallece en Santa Fe. El próximo viernes se presentarán “Amor en mano y cien hombres volando”, una re-edición de Editorial De l’aire y el libro inédito “Mona blanca trepada en el octavo”, de Editorial Palabrava. Como parte del homenaje, los hijos de Geller junto a familiares y amigos se harán presente. Además, el actor y director teatral, Gustavo Palacios, desarrollará una performance basada en los textos de la poeta.

Geller junto a Patricia Severín y Adriana Díaz Crosta (también ya fallecida), escribieron en 1993 “Amor en mano y cien hombres volando”, un libro que revolucionó su época. Fue un libro feminista, no indulgente, jugado escrito por tres mujeres que se reunían para decir, sin tapujos, lo que cada una pensaba sobre el amor, los hombres, la vida. Tres experiencias diferentes, tres miradas que convergieron en este libro y hoy, Editorial De l´aire lo reedita.

Estas tres mujeres que además eran amigas, lo escribieron en épocas dónde no había celular ni e-mail y viajaban para encontrarse y trabajar sobre los textos a pesar de la responsabilidad de ser madres, esposas y trabajadoras rentadas.

En el caso del libro “Mona blanca trepada en el octavo”, publicado por la Editorial Palabrava, conforma parte de la colección Anamnesis, donde se conjuga la imagen con la palabra.

Biografía

Graciela Geller nació en Paraná, provincia de Entre Ríos, el 10 de febrero de 1945; es hija de Catalina Gruvman y de León Geller. Maestra Normal Nacional. Profesora en Letras Modernas y Licenciada en Literatura Argentina (1969, Medalla de Oro). Casada, tuvo dos hijos: Gerardo y Daniela Ferrero Geller. Es considerada una escritora santafesina porque toda su obra fue realizada en esta provincia. El Fondo Editorial de la Provincia de Santa Fe editó El inconsciente en la creación literaria de Graciela Ferrero (Primer Premio “Ensayo”, volumen 5 seleccionado en 1980). Colaboró en páginas literarias de diversos diarios; asesoró para la edición de la revista Tierras Planas impulsada por la escritora Sonia Catela, también de Ceres (autora de Los soles perdidos, seleccionado en 1985 por el citado fondo editorial santafesino, volumen 11).

Obtuvo hasta 1995 aproximadamente veinte premios; en 1985 el Instituto de Cooperación Iberoamericana de España le otorgó una beca y así pudo conocer ese país y aproximarse más a la literatura española y a autores contemporáneos. En suplementos de Cultura están impresos los diálogos con autores de distintas localidades, entre ellos uno con Lermo Rafael Balbi refiriéndose a su experiencia en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Al reproducirlo años después del fallecimiento de Lermo, Graciela insistió en la necesidad de recordar la obra de los artistas.

Ejerció la docencia; fue profesora en la Escuela de Enseñanza Técnica Nº 478 “Nicolás Avellaneda”. Socia fundadora de la Asociación Gestáltica de Buenos Aires, filial Litoral y “pilar santafesina” en esa institución. Entre sus últimas actividades compartidas en el rumbo del arte de vivir y convivir, hay que tener en cuenta que integró el Taller “Caminos y Palabras” ; colaboró en actividades de difusión cultural en La Casa del Sur de la capital santafesina -cercana a su domicilio- porque vivía en el edificio de calle Juan José Paso y 4 de Enero, frente al amplio Parque del Sur y a la avenida de Circunvalación.

Finalmente, Graciela Geller falleció el 25 de diciembre de 2002 en la ciudad de Santa Fe. Sus restos reposan en el cementerio israelita de Paraná, capital de la provincia de Entre Ríos.

Créditos: Andrea Marinone de “Barrio Cultura”

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El adiós a Olga Zamboni (1938-2016)

Olga Zamboni falleció el martes 26 de enero, luego de enfrentar una grave enfermedad, sus seres queridos se quedaron con ese vacío de perder a un ser humano que rebosaba optimismo y buena predisposición. Maestra, profesora, escritora y poetiza, siempre estaba presente en los lanzamientos de libros. Madrina de muchos escritores misioneros, coronada por muchos como la referente misionera.

El mundo artístico se hizo eco de esta triste noticia y expresó su cariño en las distintas redes sociales. Así, el presidente de la Sadem, Aníbal Silvero, destacó que “es cierto que la nuestra, la de los escritores, es una despedida teñida de tristeza y de colores tenues, pero sabemos que llegar a ser miembro de la Academia Argentina de Letras no es cosa fácil, y que una modesta maestra rural haya alcanzado este grado de representación es un orgullo para todos los misioneros”.

A su vez indicó que “para entender la magnitud de la influencia de Olga Zamboni en las letras misioneras, hay que confesar que, por ejemplo, hasta hace pocos años la dirección legal de la Sociedad Argentina de Escritores filial Misiones era su propia casa, la misma de la calle Sarmiento. La misma casa que estuvo siempre abierta para innumerables noveles que acudían a la académica con borradores para aprender las técnicas de la narración, el valor de la metáfora o el uso correcto de los pronombres en un cuento. Y sobre todo, y más que nada, para que ella supervisara los nuevos escritos de quienes soñaban escribir como ella. Porque, además, Olga es la prologuista más profusa que conoció Misiones. Es innumerable la cantidad de obras que corrigió y en cuyos prólogos figura. Algunas que quizás nunca fueron ni serán editadas pero sin duda tienen las observaciones precisas y certeras de la profesora”.

Por otra parte, el músico Nito Encina expresó que son “de esas noticias que no pensás escuchar. Se fue Olga Zamboni. Estoy seguro que en el cielo necesitaban la mejor escritora. Eternamente gracias por su compromiso con nuestra cultura y todo ese hermoso legado que deja a través de sus obras”.

El escritor Sebastián Borkoski expresó: “Con esa apabullante vocación docente y con una grandeza igualada por tu humildad me recibiste en tu casa para enseñarme, aconsejarme y alentarme. Gracias queridísima Olga, gracias por tanto”.

Desde el mismo arte, Numy Silva escribió:?“Hoy es el día más triste de mi vida, mi amiga del alma Olga Zamboni, y hermana en la poesía, partió para el más allá. Fue una de las más grandes exponentes de la literatura misionera. Una mujer moderna adelantada a su época y de una gran generosidad que incentivó el talento de muchas personas y con su vida nos enseñó el valor de la libertad. Hasta siempre Olga, tus obras quedarán latiendo por siempre en nuestros corazones”.

El adiós a la Dama de las Letras

El mundo de las letras misioneras se conmueve ante la noticia: Olga Zamboni ha muerto. Así, sin eufemismos no circunloquios, sin metáforas ni el menor atisbo lírico, el aviso inunda celulares, las redes reciben mensajes y estos van convirtiéndose en despedidas, lamentos y adioses que no hubieran querido ser. La tristeza hizo olvidar en todos ellos que la gente muere, fallece, se va. Pero, en compensación, el recuerdo, a partir de entonces se hace más fuerte, significativo.

La santanera Olga Zamboni ha partido en un día de lluvia. Sus 20 cuentos, no obstante, seguirán buscando paraguas que tienen la apariencia de simples lectores.

Y ellos sumados a miles de misioneros y gente de otros lares harán revivir a aquella mujer que no hace mucho veíamos en bicicleta por las calles posadeñas; recibiendo una distinción en encuentros de escritores de Puerto Iguazú; presidiendo una mesa de poetas en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, o – simplemente -, entre el público de la presentación de un libro. Hay además una cantidad de libros que la pluma de esta mujer deja al acervo cultural de Misiones como legado invalorable.

Merecido homenaje

Una mujer poeta, escritora, lingüista, biógrafa y estudiosa, como muy pocas, de la obra de Horacio Silvestre Quiroga y que fuera objeto de la realización de un acto del que posiblemente no se olviden nunca sus vecinos posadeños, y si lo hacen la placa en el Paseo Bossetti se los recordará.

Fue aquella tarde en que en el céntrico paseo, la integrante misionera de la Academia Argentina de la Lengua, era consagrada “Dama de las Letras” de Posadas.

Así lo atestigua una placa en la entrada del paseo por calle Buenos Aires junto al muro de los poetas. Una feliz Olga Zamboni recibía un título que le daban los vecinos, los que eran poetas y los que no, aunque todos apreciaban su constante labor en la Literatura argentina. Merecido homenaje aquel, y hoy, digno adiós en la Casa de la Cultura de Posadas, el Palacio del Mate.

Fuente: Diario Primera Edición (Posadas, Misiones)

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Angélica Gorodischer | “Para escribir hay que leer de todo, no solo literatura”

Un diálogo abierto con una de las escritoras más importantes de la Argentina, de renombre internacional, autora de una treintena libros. Visitó nuestra ciudad invitada por la Biblioteca Bartolomé Mitre y Editorial PALABRAVA. Una entrevista realizada por Patricia Severín para la Revista TODA Santa Fe.

PS- ¿Cuándo y cómo surgió en vos la pasión por escribir?

AG- No lo elegí, no lo pensé, sólo lo supe. A los siete años. Leía desde los cinco lo que caía en mis manos, la cuestión era leer. Había un montón de libros en la casa de mis padres: ensayos, biografías…; no entendía nada, pero leía. Y cuando descubrí “Las minas del Rey Salomón”, me dije, “¡Esto es lo que tengo que hacer!”.

PS-¿Por qué sólo narrativa?

AG- En general no comprendo a los poetas, no se lo que quieren decir. Lo mío siempre fue la narrativa, yo quería escribir las cosas que le pasan a la gente. La peripecia me interesa. Nunca escribí poesía. Ni a los 16 cuando una se enamora y te dejan plantada. ¡Y eso que tuve amores en mi vida que para qué te cuento! Todos trágicos, terribles, hasta que encontré al Goro y fue la felicidad. Sesenta y dos años de casados, llevamos.

PS- ¿Por qué te encasillan dentro de la literatura fantástica?

AG- Tengo una formación católica intensa; mi familia era muy católica y la noción de Dios siempre estuvo presente. Después te ponés revolucionaria, mandás todo a la mierda, decís es mentira y que se yo. Pero esas cosas quedan y se enraízan profundamente. A mí lo que me interesa es lo inexplicable, el misterio. Y lo inexplicable hay que abordarlo desde un ángulo que sea propicio. El mejor terreno fue la ciencia ficción, pero solo escribí cuatro libros; los otros veintiséis no tienen nada que ver con ella. No me dio por el terror y si escribo sobre fantasmas me los tomo en joda. Hay una formación mística filosófica que nunca solté. Creo que es por eso que necesito escribir de este modo que algunos llaman fantástico.

PS- Yo diría metafísico.

AG- Exacto.

PS- Y para escribir sobre lo metafísico hacés una ruptura del lenguaje.

AG- ¿Qué se hace con la escritura? Tratamos de encontrar los cimientos de la realidad y trabajar sobre esos cimientos. Aunque estés contando lo que le pasó al oficinista de la esquina que se peleó con la novia. No importa, estás buscando eso. A mi me interesa lo que le pasa al tipo y lo que hay detrás y debajo. La sombra. Ni siquiera el protagonista, ni la persona real lo pueden dilucidar. Lo inexplicable. Y hay que abordarlo desde cierto lugar, no desde cualquiera.

PS-¿Cómo compatibilizaste la familia con la escritura?

AG- Ah, es duro, (risas) es duro. Siempre me dije, a mi no me van a joder, podré ralentizar la cosa, podré dedicarme menos, pero no dejar de escribir. Por suerte me casé con un tipo como el Goro, que es sumamente comprensivo, amplio, compañero y estimulante. Yo quería todo, ¿por qué me voy a conformar con la mitad? Quería escribir, tener marido, hijos, laburo, todo quería. Y había que comer. Escribir para una mujer sigue siendo duro. Pero me las arreglé: ponía la máquina debajo de la cama. ¿Quién dijo que cuando una tiene una familia no puede hacerlo? Escribía de madrugada; después me dormía en todas partes (risas) donde encontraba un sillón me dormía.

PS- ¿Aquí enlazamos con tu veta feminista?

AG- Cuando yo era niña creía que el sexo privilegiado (no se hablaba de género) era el femenino; las minas lo pasábamos fantástico, íbamos a fiestas, al teatro, al cine, veraneábamos dos meses; nuestros padres sudaban, trabajaban, iban, venían. Yo creía, “¡qué bien que nos va!” Después empecé a ver ciertas cosas: “Nena como vas a subir al árbol” “¡Se te arruga el vestidito!”. Habré tendido ocho años y me puse en cuclillas en el jardín de casa, mi mamá me sacó corriendo, ¡la tierra podía estar caliente! Empezaban las limitaciones: tuve una educación restrictiva, no fui al colegio los primeros años. Si el pediatra no le hubiera dicho a mis padres, “¿ustedes quieren tener una hija normal?”, no sé si me hubieran mandado a la escuela.

PS- ¿Te daban clases en tu casa?

AG- Claro, un embole. Cuando entré al colegio me largaron al patio, ¡qué adaptación ni que ocho cuarto! Yo veía que las chicas corrían y me preguntaba, “¿qué será esto?” Era el Normal Nº2, teníamos practicantes; una de ellas leyó en voz alta “Las botas de siete leguas”, luego preguntó, “¿Qué les parece que quiere decir?” Como nadie abrió la boca, yo levanté la mano y expliqué la teoría de la rotación de la tierra. Hubo un silencio tan grande que me dije: “¿¡Qué habré hecho!?”. Durante mucho tiempo tuve la impresión de que había metido la pata.

PS- Retomemos el feminismo.

AG- De chica creía que todo era regio, divino, hasta que me di cuenta que no. Me cayó a las manos el libro de Victoria Sau. Luego pase a Simone de Beauvoir. Esto es lo mío, me dije. Fijate, la gente que lee los diarios y mira televisión, ¿cómo no son todos feministas? Está ahí, la mujer objeto, su utilización. ¿No se dan cuenta qué es lo que está pasando? Nacemos llorando, respirando, pero tenemos que aprender a pensar, ¡por favor! El feminismo tiene mala prensa, me dicen, “Vos odias a los varones“, ¡no! los hombres me encantan, yo quiero un mundo con hombres, “Ah, porque el feminismo y el machismo…” ¡Momentito! el machismo es uno de los peores prejuicios que puede haber y no tiene nada que ver con el feminismo, que es un movimiento político en todo el mundo. Y cada vez que entro a explicarlo me dicen, “¡Ah! ¡¿Sos lesbiana?!” ¿Qué tendría de particular que fuese lesbiana? Pero no, no lo soy.

PS- ¿Cómo hiciste el compilado para “Otras vidas” que publicó PALABRAVA?

AG- Me dije, “Quiero cuentos que sean diferentes, pero no mucho” Encontré el primero y vinieron todos los demás. No quería hacer un rejunte, quería que tuviera cierto ritmo, y me parece que lo logramos.

PS-¿Tenés talleres?

AG- Tengo un grupo de reflexión y lectura donde acepto a los que tienen un proyecto; el asunto “¡Me encantaría escribir!” ¡No sirve!…cuando escribas venite, digo, aunque tengas un bodrio, no importa, ya empezaste la tarea.

PS-¿Qué le dirías a alguien que quiere escribir?

AG- ¡Qué escriba! A mi me encantaría ser paracaidista, pero hasta ahora no he encarado el oficio. Parecería que queda bien decir me encanta leer, me encantaría escribir…

PS- Del deseo a la concreción hay un largo paso.

AG- Pero se puede, y los escritores nacen de los lectores. Aldous Huxley decía “Hay que leer de todo”. Los que escriben deben leer de todo, no solo literatura.

PS- Doy fe que lees ciencia.

AG-Hay cosas que comprendo aunque no pueda explicarlas. La teoría de las cuerdas, por ejemplo; me digo cuando lo leo, ¡pero claro! Ahora pedime que te lo explique: no puedo. Pero la comprendo y es una maravilla. Me hablan del universo líquido, ¡pero claro, tienen razón! Ayer entró el Goro al cuartito donde trabajo, miró la pared y preguntó “¿Quién es ese tipo?” y señaló un retrato. Le digo “Juan Martín Maldacena que además de físico es buen mozo” El de la teoría de las cuerdas, argentino y a medio paso del Nobel. Cualquier cosa que leas que tenga detrás algo sólido, bien pensado y expresado, sea de la materia que sea, te da ideas. Y el lenguaje de la ciencia es poético, lees ciencia y se te corta el aliento.

P.S- Te abre la cabeza.

A.G- El otro día una persona me dijo, “A vos te interesan esas cosas locas”, “A mí me interesa de todo”, respondí, “A mí no”, me dijo, “Por eso tenés un horizonte tan chiquito”, le contesté. ¡Ni entendió mi respuesta! (risas). Leo microbiología y no voy a escribir sobre eso, pero el tejido transparente, el latido, te da un montón de ideas. Vas a escribir sobre un señor que se quería suicidar y no se suicidó, y en el medio, de algún modo, sale eso que leíste. Hasta incluso te pones a pensar, ¿cómo le latiría el cerebro en el momento en que agarró el revolver? Y te acordás de la microbiología, del universo líquido.

CRÉDITO: Patricia Severín
FOTOS: Pablo Aguirre

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Revista Toda Santa Fe | Escritora situada

Con una mirada amable y profunda como clave de acceso a su mundo de la palabra poética, Patricia nos introduce en su territorio escriturado por la grafía, por esas marcas sonoras que atestiguan la pertenencia a un lugar: una llanura de palabras. Esa llanura que –según ella- la identifica como escritora situada: “yo escribo desde aquí porque también esto soy: mi lugar, mi gente, el clima, el calor, los lapachos, la naturaleza.”

TS- ¿Por qué el lenguaje escrito? ¿Por qué la escritura?

PS-Yo creo que cada persona nace con un talento diferente, en mi caso fue la escritura, por varias cosas: en mi casa eran muy lectores, sobre todo mi padre, que le gustaba mucho la filosofía, él era arquitecto y también astrónomo aficionado. Era un hombre muy instruido. A los cinco años yo sabía leer y escribir, en esa Navidad mi regalo fue La Ilíada y La Odisea, obviamente en ese momento lloré como loca¡una navidad que te regalen eso y no una muñeca!

TS- ¡Qué legado! ¿Qué otras marcas reconocés en tu vida que lograron el encuentro con la literatura?

PS- En la primaria, estudiaba en la escuela de La Misericordia de Rafaela, soy Rafaelina aunque viví muchos años en Reconquista, hicimos la biblioteca de la escuela y le pusimos de nombre “María Elena Walsh”. Escribí el discurso y todavía me acuerdo de una parte que decía “cuando un hombre tiene el hábito de la lectura, estoy predispuesto a pensar bien de él”. Además me acuerdo de María Elena Walsh, que fue en persona. Dijo cosas muy interesantes que me determinaron, como “que cada escritor es el legado de todos los escritores que le precedieron y por lo tanto cada escritor más que escribir debe leer”.

Me llevó un tiempo dedicarme a la escritura. Me casé muy joven, a los 18 años, tuve cinco hijos y a los 28 me separé. Me puse a estudiar letras, a trabajar para mantener a mi familia y empecé los talleres literarios que había en ese momento en Reconquista. Siempre tuve muy claro que a partir de los 50 quería sólo escribir.

TS-¿Cómo es tu proceso creativo?¿Cómo es esa intimidad con tu escritura?

PS-La creación es algo muy extraño porque cuando estoy escribiendo todo se abre para que lo que está afuera, entre. Cuando estoy en vena creativa se me abre la percepción. El mundo exterior y las cosas, todo entra en mí, el lenguaje, lo gestual, una palabra dicha al azar, una frase en la radio, voy por la calle y escucho algo, leo el diario. Además me nutro de los libros, que son varios, que tengo en la mesa de luz para tal fin. No tengo el problema de la página en blanco, los temas vienen a mí. A veces me vienen con el género incluido, ya sé que tengo que escribirlo en poesía, otras veces sé que es cuento y otras es novela. Directamente me empieza la idea a obsesionar y esa idea se va desenvolviendo de algún modo.Para escribir poesía no sólo leo poesía sino muchas veces leo narrativa que me lleva a la poesía.

TS-¿Para quién escribís y que te genera sentirte leída?

PS-Yo escribo para adultos, porque mis temas giran en torno al amor y al desamor y todos los conflictos que surgen a partir de esa dicotomía. Además el amor y el desamor están unidos a lo erótico, mi literatura es una literatura para adultos. Y sentirme leída me provoca cierto nerviosismo, porque una cosa es lo que yo puedo escribir y otra muy diferente es lo que recepciona el lector, ya que no hay un lector en particular, hay muchos lectores. Me doy cuenta en la última novela editada “: salir de cacería” cómo cada lector se acerca con una lectura diferente de la obra y eso es algo extraño y a la vez sorprendente.

TS-¿Qué lugar ocupa el lector en tu obra?

PS-Aprendí que los silencios te dicen mucho más que las palabras, es un precario equilibrio entre lo que decís y lo que no decís y allí tiene que entenderse. El lector tiene que comprender y tiene que llenar con su propia idea o su propia interpretación ese vacío o ese silencio que se da, no aprecio la literatura que todo te lo da, que todo te lo dice. Yo expongo los hechos y las deducciones las saca el lector, en eso sí el lector es cómplice, tiene que completar la obra.

TS-¿Qué valor tiene la palabra para vos?

PS-Tiene un valor incalculable. Los que nos dedicamos a esto creemos en el valor de la palabra. Esto se extiende a la palabra dada, yo te doy mi palabra y mi palabra vale. Comparto mi palabra con el lector y le hago saber su cuantía.

TS-Si tuvieras que elegir un poema, ¿cuál sería? ¿Tenés uno predilecto?

PS-Yo tengo un libro predilecto que se llama “Poemas con bichos”. Es mi libro de poesía preferido, es un texto bisagra en mi literatura ya que antes de él yo escribía de un modo y luego comencé a entender la literatura y la poesía de otro. En él pude lograr el espejo entre el comportamiento humano y el comportamiento animal: la parte objetiva es la parte de los bichos y la parte subjetiva es la parte humana.

TS- Partiendo de la premisa que existe la escritura femenina, ¿tu modo de “decir” es femenino?

PS-Yo creo que sí, y a mí me costó mucho porque nosotras venimos de una generación que estábamos empapadas del decir masculino. El decir masculino es un decir épico, el hombre escribe de lo que está en el afuera, en cambio las mujeres escribimos lo que está en el adentro. Por eso ahora tengo un gran desafío por delante ya que estoy escribiendo una novela en dónde el personaje principal es masculino, me estoy centrando en cómo siente y piensa un hombre, que es muy diferente de como manifiesta sus emociones una mujer.

TS-¿Cómo nacen tus personajes? ¿Le permitís a tu historia de vida que entre en tu obra?

PS-Sí se lo permito, no sólo a mi historia, sino a la historia que me rodea, la historia que escucho. Como dice Vargas Llosa, cuando empezás a escribir hacés un magma que es como una olla en ebullición que tiene mucho tuyo, mucho ajeno, entonces vas mezclando todo: la escritura revuelta, revolcada, mixturada. La escritora de la novela “: salir de cacería” no soy yo pero también soy yo, que soy escritora. No puedo decir cuál es la frontera porque de hecho no existe. En mi escritura tengo la posibilidad de ingresar y salir a y de distintos mundos que soy yo pero que no soy yo, que son mis amigas pero que no son mis amigas. Estoy en todos los personajes, un poquito en cada uno. Y eso es la maravilla de la creación.

TS-¿Sos una rebelde?

PS-Sí, siempre lo fui. A mí me interesa mucho seguir lo que siento internamente y a veces esa guía me dice que me rebele.No tengo prurito en decir lo que tengo que decir. Para mí el escritor tiene que poder decir lo que tiene que decir en su momento. Es la fidelidad con vos mismo y con tu obra. Hay que bancarse la exposición. Yo siempre digo que saco la otra parte de mí por medio de la literatura.

*Patricia Severín es poeta y narradora. Publicó en poesía: “La loca de ausencia”, “El universo de la mentira”, “Abuela y la niña” y “Amor en mano y cien hombres volando”. En narrativa los libros de cuentos: “Las líneas de la mano” y “Sólo de amor”; “: salir de cacería” es su primera novela publicada.

Crédito: Ezequiel Perelló
Fotos: Pablo Aguirre

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Profundo, intenso y sensitivo “Bar de copas”


Comentario de Hugo Borgna para el Diario La Opinión

“Bar de copas”, con textos poéticos de Graciela Prieto Rey y fotografías de Alejandra Segovia, es una edición de este año de Palabrava Editorial y tiene 64 páginas absolutamente disfrutables. Es el verdadero ejemplo del libro de cabecera, ese que vuelve a mirarse una y otra vez, que no se presta; será apreciado por todo tipo de lector y sobre todo, por los exigentes de la escritura y de la fotografía. Es una producción bibliográfica especial, de características únicas, digna de ocupar un lugar destacado en las mejores bibliotecas.

La idea básica de “libro” se está alimentando de conceptos nuevos y abiertos, con inclusión de notable calidad estética, sin abandonar la forma “clásica” (es decir contenido de palabras con alguna o sin ilustraciones), de este modo se están generando, con mucha frecuencia, obras donde el dibujo y la fotografía dejan de ser acompañantes del texto para constituirse en protagonistas, tomando como apoyo de la palabra. Una forma ya impuesta es la de los libros que en una página incluyen poesía o prosa y en la de su costado una fotografía relacionada.

“Bar de copas” va más allá: unifica las imágenes. Dentro de la fotografía (insinuante, llamativa) se incluye un texto que se lee verticalmente e integra la unidad comunicativa, dándole al conjunto notable fuerza dramática. La excelente calidad fotográfica se apoya en primeros planos fragmentados de copas (a veces caídas) rostros de mujer, manos, siluetas con intensos fondos en rojo, negro o blanco, conformando inquietantes marcos visuales acompañados por textos como “una nota azul/blue note/secuestra un sueño/pide préstamo/no rescate/se funden/volverán a ser uno/por propia voluntad/no serán los mismos”, “rubia/hilvana la espera/matando colillas/cupido danza/en el escote/ritmo exótico/de frutos y de ron” o “los límites se suicidan/en su propio territorio”.

“Bar de copas”, obra conjunta de las santafesinas Graciela Prieto Rey y Alejandra Segovia, es una exquisita propuesta. Provoca y seduce, enriqueciendo por el alto nivel de sus textos e imágenes lo conocido hasta aquí del ámbito del libro.

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