Comentarios y reseñas



De “Amor en mano y cien hombres volando” (poesía, reedición 2016)

Hace 23 años se publicaba la primera edición de “Amor en mano y cien hombres volando”, escrito por Geller junto a otras dos poetas Patricia Severín y Adriana Díaz Crosta. Fue un libro revolucionario, feminista, no indulgente, jugado. Tres mujeres se reunían para decir, sin tapujos, lo que cada una pensaba sobre el amor, los hombres, la vida.

“Presentar éste libro en ésa época, con obra de teatro de ‘Las Casquivanas’, y fragmentos de películas de donde se extrajeron escenas de amor y desamor, significó llenar salas de teatros para exponer una problemática hasta ese momento silenciada”, cuenta Severín.
Tres experiencias diferentes, tres miradas que convergieron en este libro. Mujeres que además eran amigas, y lo escribieron en épocas dónde no había celular ni e-mail. Viajaban para encontrarse y trabajar sobre los textos cuándo sus pulsiones literarias superaban la responsabilidad de ser madre, esposa y trabajadora rentada.

“Éramos hermanas. Nos elegimos cuando la vida nos puso frente a frente. Era la única que me visitaba en Reconquista y en verano. Toda una heroína. Quedábamos noches enteras conversando a la luz del velador, con el infaltable cigarrillo entre los dedos”, la recuerda y agrega “nuestra agenda apuntaba charlas de amores y desamores, amigas y darse cuenta, libros y escritura en cada margen de la conversación. Corregíamos los textos hasta quedar exhaustas luego de implacables devoluciones. Y nos maravillábamos cuando la otra encontraba la joya de la palabra justa”.

Mili López



De “Helada Negra” (cuentos, 2016)

Como un duro y helado hilo, un augur, un signo, un rastro se nos ofrece tramando uno a uno los cuentos de este ovillo, que es el libro: el frío de la helada negra que como fondo o presencia fantasmal se muestra en sus extremos, el primero y el último cuento del volumen.

Helada negra (el /h/ada negra) que en el cuento inicial acechó y destruyó las cosechas llevando a la ruina definitiva a un pueblo completo; la helada negra que en el cuento de cierre se avecina a las mejillas muertas del bebé abrazado, mecido y arrullado por su madre que no lo deja ir.

Patricia Severín poeta y narradora, además de seis poemarios (la mayoría premiados), ha publicado Las líneas de la mano de amor –volumen de cuentos– (Premio publicación ASDE y Lux, 1999) y Salir de cacería –novela- (Palabrava, 2013) y dirige junto a Graciela Prieto y Alicia Barberis la editorial santafesina PALABRAVA.

Helada negra incluye diez cuentos de parecida extensión, posibles de ser leídos de un tirón por pieza dando sus imágenes a degustar o atormentar, pues así como la idea de encuentro entre dos personas que mantuvieron a través de la palabra una relación con visos amorosos (“Letras en la madrugada”) o quien se encuentra, después de cruzar en sentido contrario el mismo mar que su abuela, con un eslabón perdido de su historia (“El padre de mi padre”) ofrecen deleite, también la desaparición inexplicable de una amiga (“La vereda de la sombra…”) o una madre que traslada a escondidas el cuerpo de su bebé muerto nos conmueven de modo diferente (“Helada negra”).

Este volumen de cuentos encuentra el equilibrio necesario entre las anécdotas intensas, de situación límite, con la participación de pasajes minimalistas; la descripción de un movimiento o del gesto de una persona o bien la historia de un objeto suspenden el decurso de la acción para retomar la narración de modo enriquecido o haciéndole dar un vuelco, un giro a la historia.

“Mano izquierda”, el tercer cuento del volumen apunta a la oscuridad de un hombre que cegado por la ira y los celos corta su propia mano. ¿Qué es una mano, sino la posibilidad de hacer, la posibilidad de matar? Atormentado por celos, por la angustia de sentirse un fracasado, disminuido por la presencia de su hermano al que nunca le hizo sombras, y que incluso corteja a su esposa a quien él mismo ya no seduce, un hombre sale a cortar leña. El pretexto le da rienda, paso libre a su ira, o su dolor contenido, y los dientes de su motosierra astillan los troncos como si él mismo mordiera y descarnara el cuello de quienes lo deshonran.

En este último y en otros cuentos más, a la manera de otros autores modernos que trabajan también la fragmentación de la anécdota y la combinación de sus partes para generar el efecto deseado, montados cinematográficamente, en paralelo, se presenta una línea presente y otra pasada que sobre el final revelan su unión ante un hecho fundamental. El tiempo parece líquido, se mece; el pasado y el presente se dan lugar uno a otro sin antesala, funcionan primero como anécdotas diferentes pero luego dan cuenta de que construyen una misma historia, un solo hilo. Un hecho lejano, de la niñez o juventud de los personajes surge, irrumpe, se despierta sin preámbulo en la vida del personaje y lo traslada hacia él, o simplemente le hace ver ––nos hace ver– que siempre él estuvo en el mismo lugar, que por más que ha corrido rápido no ha logrado despegarse de su sombra.

JC Ramírez



Definen a la helada negra como “el terror de los agricultores porque no hay cultivo que la sobreviva”, incluyendo a los más resistentes. En estas circunstancias, se añade, no hay formación de escarcha por lo que el frío lento y persistente ataca directamente a las estructuras internas.

Lo concreto, que apunta a lo simbólico, se hace aún más específico, y terrible, cuando la información precisa que “a nivel celular aparecen cristalitos en forma de cuchillos que desgarran la maquinaria interna de las células y las membranas internas se desecan a causa del mismo proceso de congelación”.

Resultado: la necrosis de los tejidos dañados que se ennegrecen de golpe como consecuencia de la podredumbre y si los daños afectan a partes vitales, como el tronco y las hojas, la planta muere.
De estos daños, profundos, íntimos, irreversibles, de la “helada (el hada) negra” que no hace milagros salvíficos en la vida, nos habla la decena de cuentos bien macerados de Patricia Severín, quien a mi juicio encuentra su mejor voz cuando incursiona en el género.

La selección de este libro compacto, que exige lectura atenta, se abre con un cuento cuyo título, “El hombre que más amó a mi hermana”, puede llamar a un engaño del que lector saldrá de inmediato puesto que se trata de un relato en el que el amor y la muerte se encuentran profundamente entrelazados.

La habilidad narrativa de Severín presenta acá sus momentos más logrados, en un cuento plagado de saltos cronológicos, de fuerte contenido autobiográfico que, amén de ser una elegía por una pérdida muy próxima, es también una reflexión sobre la complejidad del amor.

En estos relatos en general los amores no suelen ser correspondidos. En ellos lo femenino se impone, aunque no en sus versiones edulcoradas o de romanticismo trasnochado, sino que hablan de la vida “vista” desde lo profundo de la mujer. Esto no es juicio de valor, desde ya, sino que Severín cuenta con sus emociones a flor de piel, y aunque invente situaciones y personajes, aún los masculinos, es la mujer la que se instala en estas páginas. Y se expresa con toda su singularidad.

“Helada negra”, el relato que da título al libro y con el que cierra el volumen, es donde más esa mujer se manifiesta, donde estalla, como si se tratara de un grito último, agónico, diciendo su íntima verdad. Imposible hablar de su contenido, aunque sí puede aludirse a la relación única y definitiva de una madre con su hijo recién nacido.

Así como el amor es el que “informa” al primer cuento, las emociones, los afectos correspondidos o no, hablan de distinta forma en otros cuentos, como en “Mano izquierda”, en el que un accidente circunstancial que sufre un hombre que hacha leña, esconde en realidad determinados infiernos personales. Que es lo que también ocurre en “Corazón de erizo”, en el que una gran familia, el dinero y la soledad profunda se esconden detrás de una constante hipocresía.

Carlos Roberto Morán



Estoy leyendo un libro recién editado en Provincia de Santa Fe en una conjunción de dos muy importantes editoriales: Editorial Palabrava y Ediciones UNL. Se trata de un volumen de cuentos; “Helada negra”, es estupendo. Hay una madurez expresiva, un manejo impecable del género y lo más destacado, la construcción de climas con una economía de recursos que subyuga. La autora: Patricia Severín.

Hace muchos años tuve la dicha de presentar otro memorable libro de cuentos de ella: “Las líneas de la mano” y viajamos unos cuantos al norte de Santa Fe, ciudad de Reconquista, donde ella vivía entonces y paramos en su casa: Olga Zamboni, Orlando Van Bredam, Graciela Geller y me estoy olvidando de algunos. Hay fotos de aquel momento, tendré que buscarlas y revisarlas. Excelente libro, recomiendo su lectura entusiastamente.

Irma Verolín



Querida Patricia, recién terminé de leer Helada Negra y, antes de que pasara el efecto primario, quería contártelo. Me gustó mucho, es un gran libro. Hay un clima ominoso que se mantiene cuento a cuento, personajes medio fantasmales —como inasibles, a veces parece que están en un más allá rarísimo y perturbador, y por momentos dan la impresión de estar ya muy encima de uno. “Mano izquierda”, por ejemplo, su protagonista es terrible. (Creo que es mi preferido, junto con “Muro de viento”, el padre enloquecido por el alunizaje). Gracias, sos una gran escritora. Estoy feliz de haberte leído.

Mariano Quirós



Patri querida, terminé de leer Helada Negra, lo hice durar porque no quería que termine, sos una cuentista fabulosa.
Es un libro construido sobre lo que no se dice, le calza perfecta la teoría del iceberg.

Mis favoritos, Helada negra, Corazón de erizo, El hombre que más amo a mi hermana, más que favoritos quedaron como cuentos de cabecera, piezas únicas.

El resto de los cuentos me gustaron mucho, disfruté el libro tremendamente y te cuento, que recién vi la cita con mi nombre cuando lo terminé, y me dejó en shock, además del agradecimientos por haberla colocado te digo que es una cita perfecta para el libro, tranquilamente podría haberla escrito después de leerlo.
Un honor ser amiga de esta escritora del carajo!!!!

Laura Yasan



Cielito: Recibí tu “Helada negra” que leí con mucho gusto, aunque también con sobresaltos, porque es un grupo de cuentos muy inquietantes. Bueno para la literatura. Pero no para nosotros, porque creo que las angustias y los golpes que dan y reciben estos cuentos retratan nuestros días en nuestro pobre país, al menos como los puede recibir y propinar un escritor (una escritora) sensible.
Te felicito. Tenemos que festejar la parición. Abrazos,

Enrique Butti



De “:salir de cacería” (novela, 2013)

Entre las buenas novedades que nos regala la escritura, en especial la de nuestro alcance geográfico, está el lanzamiento de la novela “:salir de cacería”, de Patricia Severín, residente en la ciudad de Santa Fe y organizadora, junto a otras notables autoras, de la colección “Las 4 estaciones de la palabra”, originada en la Editorial PALABRAVA, siendo esta obra el quinto de ocho títulos previstos en el término de los años 2012 y 2013.

El amor. La mujer. Las reglas de la cacería. La búsqueda de la verdad y la armonía mediante el sabio equilibrio. Ser.

Todos estos puntos se combinan de diferentes modos y confluyen en una intensa historia que protagonizan (debería decir mejor, viven y sufren) dos amigas, confidentes en un preciso momento de sus existencias. De la exposición de sus puntos de vista y del relato que hacen de los hechos que les suceden, va surgiendo partes de sus vidas, por momentos inquietantemente comunes, acerca de una situación que es posible encontrar en la realidad diaria, pero que por razones obvias no sale de los círculos íntimos. Lo que se vive con más pasión, es lo que menos se cuenta y lo que más motiva la razón de ser de la existencia.

“:salir de cacería” profundiza en los aspectos que suelen ser los más polémicos en la relación hombre-mujer (en realidad debería decir mujer-hombre, ya que el punto de vista femenino es el más determinante). También de los que rigen las relaciones sociales y las pautas de aceptación de conductas limítrofes.

La lectura que genera es atrapante, sensitiva, inteligente; se desea con pasión llegar a las últimas páginas para conocer cómo cierra la historia narrada y se disfruta de reflexiones constantes (precisas y necesarias) acerca de aspectos de la vida que todos nos planteamos y no nos atrevemos a preguntar (permiso y gracias, Woody Allen).

Como la obra de autores como Cortázar o Borges, puede el lector conformarse con saber los hechos de la historia y quedar satisfechos con el libro. Pero también quienes profundizan en lo conceptual encontrarán frases llenas de verdad acerca de la naturaleza, esencia y destino del ser humano y planteos que debería hacerse para mejorar.

Frases y definiciones rotundas, propias y el sello de Severín “despiertan continuamente al lector desaprensivo: mi alma era una esponja llena de silencio”, “los años que vienen se juegan en una horas”, “si he de vivir sin ti que sea duro y cruento”, la sabiduría consiste en desvincular el hecho de la emoción”, “todo lo que se pudre se convierte en familia”.

La obra pone en orden de mérito determinar qué es lo correcto, si debe prevalecer la emoción o la razón, deja planteada la pregunta de que si es un valor la falta de valores, cuando surge de la pasión. Cuando se llega a la última línea se siente la impresión de haber vivido, más que leído, una novela porque la autora pone en su escritura todo de sí, es decir, pasión, sentimiento, razón, sensibilidad, resultando las suyas obras abarcadoras, totalmente, profundamente, hondas.

Patricia Severín publicó en poesía “La loca de ausencia” “Poemas con bichos” “Libro de las certezas” “El universo de las mentiras” y, en conjunto con Graciela Geller y Adriana Díaz Crosta, “Amor en mano y cien hombres volando”; en narrativa los libros de cuentos “Las líneas de la mano” y “Sólo de amor”. “:salir de cacería” es su primera novela.

Obtuvo el Primer Premio Concurso Nacional Alicia Moreau de Justo. Primer Premio Las Tierras Planas, Faja de Honor de la SADE (por dos veces) y Primer Premio Fondo Nacional de las Artes y Municipalidad de Buenos Aires. Sus textos se hallan en numerosas antologías nacionales e internacionales.

Hugo Borgna

Querida Patricia, has traído al Litoral y al siglo XXI a un mítico, impenitente Tenorio burlador de mujeres, cuya leyenda se remonta a la Europa medieval. Un donjuán atractivo, seductor, brillante, culto, refinado y cínico. Desde un punto de vista estético-vital es el galán con el que sueñan muchas mujeres. Ideal, por otra parte, inabordable y difícil cuando el pensamiento es vivirlo en plenitud sincera. De ahí el dolor, la decepción, el desamparo por el “bien” perdido.

Como no puede ser de otro modo, este personaje se mueve en plena actualidad, y halla en la tecnología avanzada de comunicaciones una de sus armas de conquista. Y lo hace muy bien, desde el espacio virtual como preludio. De la computadora a la cama y viceversa.

Su figura aparece agigantada –diría hiperbólica- por la variedad de técnicas y palabras aptas para seducir que emplea y por los efectos que ellas producen; se podría decir que domina una “cultura de la seducción”… De tal magnitud es su poder, que la huella que deja en sus presas no se borra jamás.

El papel que juegan los medios de comunicación ahora en boga, es central. No conozco otra novela tan de nuestro tiempo en el sentido de hacer un uso notable y justo de estos recursos a los efectos, no sólo de lograr el clima narrativo, sino de hacer avanzar el conflicto.

La narración se mueve con precisión, en ese laberinto novelesco, con idas y vueltas en el tiempo y en los espacios. El erotismo en la pareja –tal vez una búsqueda de la propia imagen en espejo, tal vez del propio sentido de la vida- aparece exacerbado por la memoria escrita, contenida en la “caja negra”- que también es disparadora de la acción a través de la memoria- y en objetos como el “trapito blanco”. Erotismo en situaciones que a todas luces muestran la sensibilidad femenina, muy diferente de la masculina (un Murakamu en femenino diría, por la audacia de ciertas escenas) que no es muy frecuente hallar en escritoras.

De todo esto surge, la “regeneración” espiritual de una de las protagonistas tras el ejercicio de la filosofía oriental de la mano de un hindú. “Enfermedades” carnales sólo pueden ser atemperadas por una internalización equilibrada en lo espiritual.

El lenguaje es rico en bellas y líricas descripciones de paisajes tanto de Santa Fe como del Canadá. Y un ejemplo de lirismo es la bella página final, una de las mejores del libro, que abrocha el desenlace con un canto a la amistad femenina pero dejándonos ante un final abierto. Uno de los logros de la novela.

Olga Zamboni

Las mujeres amarán esta novela, todo aroma mujer, de mujer que gusta del macho, que lo sueña, que lo tritura en mil detalles para tragáselo y que se le quede para siempre. La pasión erótica descripta en cien variantes que rodean a un solo hombre tiene el Efecto Facundo, la novela de Sarmiento. De tanto narrar a Facundo, sus barbaridades y hazañas, se lo engrandece. Muchas mujeres, luego de leer la novela, buscarán en el mapa La Falla para encontrar a Federico, y que las haga sufrir de la misma manera después de darles un año de amor que supera sus fantasías más ardidas.

La descripción de la complementaria (Amelia) es perfecto, y le da al relato un final brillante y tan ajustado a la realidad de la complementaria que impacta: viene a salvar a su psicópata, a aquél que la partió en dos, le mostró lo indemostrable por ningún otro varón, y la dejó desangrándose. El juego perverso Señora – Federico está dibujado con arte. Se descubre la trama oculta y se ve con claridad cual es el juego: como un foco que ilumina la parte del escenario que se trata de ocultar pero que ahora no queda otra alternativa que mirarlo crudamente.

La parte de la hospitalización la leí como la turbulencia que hay que pasar para llegar al final del viaje: la sufrida maduración de la crisálida.

Federico será amado; mentiroso, manipulador, seductor como ninguno, será perdonado por todos sus pecados por las humedecidas lectoras que lo terminarán viendo como un instrumento de una psicópata insaciable de poder; como la marquesa de Merteuil usó al vizconde de Valmont.

Hugo Marietán









De “Abuela y la niña” (poesía, 2012)

Querida Patricia, no tengo palabras para decirte la forma profunda en que me impactó tu libro “Abuela y la niña”. Supongo que lo merodeé porque el título me producía escalofríos o recuerdos o no sé. Y luego me encontré con una voz que hubiera podido ser la más adecuada para expresar mi mirada sobre mi propia infancia, supongo que a mucha gente le habrá pasado lo mismo. Desde “Poemas con bichos” yo te reconozco como a una gran poeta, tenés la virtud de ser poeta y narradora a la vez en un alto nivel. Encuentro siempre un vacío detrás de tus poemas donde parece estar iluminando todo lo dicho, y encuentro también una rara virtud, la capacidad de expresar los contrarios. Aquí hay terror y suavidad al mismo tiempo, la cualidad de lo sedoso y la rispidez contenida. Además construís desde la economía más básica, nombrás lo esencial y todo vibra. Hay un núcleo muy intenso detrás de esta parquedad que oscila entre lo dulce y lo amargo. Gracias desde el fondo de mi corazón. Tu poesía me llena de una extraña alegría. Abrazo. Irma Verolín

P/d: Sobra decir que el libro como objeto es hermoso. Tiene una hermosura que acongoja, a ver, lo digo en el mismo sentido en que la Madre Teresa de Calcuta decía: Amar hasta que duela.







De “El universo de la mentira” (poesía, 2011)

Querida Patricia: leí tu libro El Universo de la Mentira, de un tirón, como un único poema, porque así lo percibí, un largo poema atravesado por el dolor, por sentimientos intensos expuestos con crudeza pero revestidos por el milagro de la palabra poética. Es un bello libro, de una sufriente belleza, que desnuda el alma humana y la despoja de hipocresías y convencionalismos. También es un libro valiente y femenino en el mejor sentido de la palabra. Gracias por compartirlo.

Mirtha Coutaz de Mascotti (Rafaela, Santa Fe)



Patricia: Sin duda los libros que me dejaste, fueron el mejor regalo de fin de año que recibí. Te agradezco muchísimo. Pusiste mucho esmero que saliera un buen producto en cada caso, y las ilustraciones de tu hija, son muy hermosas. Claro, el de POEMAS CON BICHOS, la conocíamos por la primer edición, y porque está dentro de un estilo y temática que habíamos visto de ella, pero las de EL UNIVERSO DE LA MENTIRA, me causó una agradable sorpresa, dado que no conocía ningún trabajo tuyo con esa técnica y factura, tan bellas. En cuanto a las poesías (o mejor un solo poema como dice Sergio Stull), de EL UNIVERSO DE LA MENTIRA, me impactaron, sobre todo por la potencia, la ira o indignación Tu madre pudo haberte llamado Delmira, o Alfonsina, o Alejandra.
Y te digo que si bien, reconozco la validez de los silencios como parte del poema y como eficaz recurso literario, como bien resalta Stull, de todas formas hay tanto que decir de tus palabras que me quedo con ellas por lo que expresan y denuncian en representación de algún modo del género. FELICITACIONES.

Carlos Fabrissín (Reconquista, Santa Fe)



En principio me quedo “destrozada” con el dibujo de tapa de Victoria, lo miro y se me hunde en la carne. ¡Qué tragicidad del dolor, Dios Mío! La mentira aquí es en verdad el universo del dolor.

Olga Zamboni (Posadas, Misiones)





De “Libro de las Certezas” (poesía, 2009)


Libro de las certezas instala el relato de un naufragio existencial en la vastedad del campo, donde los constantes aguaceros roen los bordes del tiempo. Es también el libro de las tormentas, esas pulsiones íntimas que transitan por el tembladeral de los interrogantes: “¿Dónde estuviste/ tanto tiempo sin mí /sin vos?”.

Jorge Boccanera, Buenos Aires, Argentina (fragmento del prólogo).



El lugar desde donde fue escrito Libro de las certezas no es móvil, el yo poético esta clavado en el lugar del desasosiego y desde ahí se dirige, siempre, a un mismo / otro. En contrapartida hay mucho movimiento en lo formal, bastardilla, comienzos de verso con puntuación no convencional, blancos inusuales y una particular disposición de los versos. Un discurso sutil y femenino, en permanente equilibrio entre la naturaleza y lo doméstico. Una poética reflexiva, profunda, exquisita.

Laura Yasan, Buenos Aires, Argentina.



Cuando al amor se extraña, un año puede ser un siglo, las horas y los días, la vida misma. Y toda certeza, una ardida incertidumbre. Con intensidad, taladrando el fondo del lenguaje, el libro de Patricia Severín, perfora los hondos del espíritu; narra lo que uno no quiere saber y sin embargo su fascinación nos puede: “el amor eterno dura poco tiempo”.

Javier Adúriz, Buenos Aires, Argentina.



Poesía bella, tenue, cortante, abrupta, con interrogaciones retóricas que recuperan la experiencia cotidiana; detalles y sutilezas que le dan a estos poemas de amor una densidad metafísica. La poeta, abre, escarba, exhibe, muta, es el sujeto/objeto esta viajera inmóvil, detenida entre las lluvias y el deseo.

Orlando Van Bredam, Formosa, Argentina.



Libro de las certezas deja en el lector la sensación de algo cambiante, luces y sombras, alegría y plenitud; también dolor, mucho dolor. Por momentos un rayo de sol, cuando el amor asoma.

Federico Peltzer, Buenos Aires, Argentina.



En la vastedad de la llanura, una mujer sentada en una galería blanca, mira un territorio húmedo, abrazada al silencio. El yo poético se instala en el centro de las certezas para atrapar algo llamado amor o deseo.

Sergio Stul, Buenos Aires, Argentina.



Aún más que en Poemas con Bichos, este conjunto destaca la pertenencia al campo de su autora, lo que da un tono inédito al erotismo de los versos. Amor y desamor crecen al contacto con los seres de la llanura, tanto como la lluvia, elemento simbólico de lo femenino. También la casa contiene los silencios y las despedidas.

Olga Zamboni, Misiones, Argentina




De “Poemas con Bichos” (poesía, 2002)


La fuente inspiradora de ésta poesía es un universo específico donde el reino animal actúa como protagonista en oposición a la voz y la vivencia de la autora. Sus criaturas son contempladas y pensadas emocionalmente como existencias próximas y descriptas con serena objetividad. Pero debajo de esa superficie de vívidas apariencias laten el sentimiento de extrañeza y presencias de secreto sentido. Frente a ellas la palabra de la poeta asume la condición dramática de lo humano y, particularmente, de la mujer, en la medida que el referente concreto es su propia persona y su visión desolada de la vida.

La escritura lírica de Patricia Severín revela un registro formal dotado de sobriedad y concisión, así como un diestro manejo de imágenes ricas en inventiva. Sustraído a todo ademán ornamental, el lenguaje, de abierta trama expresiva, ilumina los significados con intensidad manifiesta otorgando a las variadas figuras de la temática, una claridad en estado de constante eficiencia poética.

Joaquín O. Giannuzzi, Buenos Aires, Argentina



Leer tu libro es un acto de exquisitez poética. Tus Poemas con Bichos van más allá de sí mismos cuando encuentran un lector que se mire en ese espejo, son un hecho estético de una belleza y profundidad tal, que fisuran el ojo del corazón. Hace años, muchos, que no leo un libro tan bello.

Laura Yasan, Buenos Aires, Argentina.



Tu libro es un caviloso misterio, que avanza desde el gran exterior del mundo animal, hacia el interior de la poesía, y luego da un paso de regreso a lo que está más allá de tu propio mundo interior.

Fortunato Nari, Rafaela, Argentina.



Tus poemas me resultaron tan impresionantes, tan buenos en un estricto sentido literario, que empecé a tener ese temblor que a veces, de tanto en tanto, nos da la literatura. Te agradezco tanto que me llevaras a esa zona un poco perdida, la del goce de leer.

Irma Verolín, Buenos Aires, Argentina.



Me gusta este tipo de poesía: austera y diciente a la vez. El juego de espejos, entre el humano que se es, objetivamente hablando, y el humano que se siente, ese humano al que solo se conoce y accede el sujeto, me resulta demoledor por su justeza. Entendí, por si no lo sabía, que dureza y belleza, no son autoexcluyentes. Está entera, en los Bichos, la fragilidad de la condición humana. Es todo muy nietzscheano. Muy “humano, demasiado humano”.

Claudio Felix Portiglia, Junín, Argentina.



De “Sólo de amor” (cuentos, 1999)


La escritora basa su éxito en la manera de instalar su voz en las diez narraciones que conforman el volumen. Es evidente, que la literatura, a diferencia de otras expresiones artísticas, se juega en la puesta de manifiesto del lenguaje antes que en cualquier otro concepto. No hay pequeños temas o temas intrascendentes si quien escribe exhibe astucia y talento en la construcción del discurso. Por el contrario, un escritor mediocre termina estropeando el mejor argumento.

La obra de Severín muestra las mismas virtudes: un discurso límpido, natural, con registro de voces familiares, donde lo elíptico, lo no dicho, obliga al lector a construir significados constantemente en el lugar de las ausencias. Estas no son forzosas, determinadas por lo literario, sino que obedecen a los códigos propios de la realidad. Tal vez esta aparente ingenuidad sea uno de sus mayores encantos. Los personajes de Severin, sin embargo, no son ingenuos; por el contrario exhiben muchas veces una alta dosis de crueldad y perversión. Todas las historias, contadas desde el realismo coloquial, seducen con facilidad a sus lectores ya que es difícil permanecer ajenos al amor y al desamor de estos personajes reconocidamente familiares.

En “La ventana de papa”, Severín elige la voz narradora de una niña o una adolescente para demostrar el deterioro afectivo y económico de una familia, los duros momentos de una enfermedad que carcome al padre y la ventana por donde este intenta evadir su mirada. Esta notable lucidez en la construcción de un discurso natural, lleno de implicancias, le confieren a la prosa de Severín estilo propio y originalidad conceptual.

Orlando Van Bredam (Formosa, Argentina)



Literatura que conmueve, activa y vitaliza, la imaginación produciendo placer. Esto se experimenta en “Solo de amor”, libro de cuentos de Patricia Severín, Premio Imprenta y Ediciones LUX 1999 organizado por ASDE, cuyo jurado estuvo integrado por Inés Santa Cruz, María Angélica Scotti y Carlos Catania. Severín transita airosamente en esta obra haciéndonos partícipe de un universo descarnado, cruel, en donde la esperanza se esfuma de la vida de los personajes –mujeres en su mayoría-. “Solo de amor”, descorre velos en el discurso expresivo y sus personajes hablan y sienten como están paridos en la vida. Todos los cuentos hacen un “Solo de amor”, y nos remiten a la condición humana, es decir a nosotros mismos.

María del Pilar Lencina (Reconquista, Argentina)



De “Las líneas de la mano” (cuentos, 1997)


En su primer volumen de cuentos, LAS LÍNEAS DE LA MANO, Patricia Severín parece alcanzar un sitial más que interesante. De escritura pulida, trabajada, su colección de historias le abre paso en la difícil narrativa argentina contemporánea. No es un lugar común; es un podio al que ella accede tras muchos años de silenciosa, tenaz labor. Conozco sus desvelos desde hace muchos años y puedo dar fe de ese tesón, de esa vocación incorregible por la literatura. Ahora, hay que comprar su libro y leerla.

Mempo Giardinelli, Talajasi, Florida, USA.



Este es un libro semejante a una sacudida sísmica, donde resuenan las cuerdas de la fantasía o de lo patético, pero siempre con el mismo fondo de autenticidad para recordar cosas esenciales. La sensualidad de la mujer del balcón, que busca un placer sutil y personal en una sociedad opresiva. O ese viejo que puso en su valijita el elixir de su juventud, con sus sueños de amistad y con el sol de Mercedes. O la crueldad en la fascinación de la pandorga y del cielo y enseguida el machete, en un pasaje súbito de la infancia al asesinato. Esta crueldad siempre tan próxima aunque inesperada como en “Cruce en el muelle” o en “Las líneas de la mano”. Aquí, esta hermana tan alegre, tan hecha para vivir, amar, ser amada, que partió dejando a todos una llaga que llama al grito. Siento que este es un libro a corazón abierto, donde lo vivido es atrapado por un pensamiento atento. Un universo latino donde todo se mezcla: la descripción de la seda y del cielo con el hombre que orina sin pudor. Es la búsqueda de una respiración en las palabras para sugerir a cada uno, a cada una, algo esencial de su vida.

Jean Phillippe Vurpillot. Profesor en Letra y Literatura, Doctor en Lingüística (París, Francia)



Tu libro fue la mejor sorpresa que en el 98 me deparó en nuestra tan marginada “literatura regional”. Sin duda, se necesita mucho talento y mucha sensibilidad, para meter argumentos y enfoques tan diversos entre dos tapas y a lo largo de l20 páginas, y presentar el producto con semejante nivel estético. Lo leí primero como un lector “normal”, y después con los jodidos ojos del crítico que no quiero ser pero que el oficio impone. Ambas operaciones arrojaron el mismo resultado: se trata de textos excelentes. Me conmovió particularmente la simple y enorme historia de amor de “La valijita”; viví todas las emociones contenidas en esa saga escrita desde el corazón en homenaje a la abuela catalana; sentí el abismo de la soledad humana que late en la Betty de Huanqueros y en la trilogía final; volvía a amigarme con los llamados contenidos sociales a través del cuento de la pandorga, me asombré con ese relato perfectamente posmoderno que es “Cruce en el muelle” Vuelvo a felicitarte y a agradecerte por habernos regalado esa joyita.

Jose Gabriel Ceballos (Corrientes, Argentina)



Querida Patricia: Muchas gracias por “Las Líneas de la mano”. Lo leí con mucho interés y te aseguro que me encantó. Muy buenos cuentos, con mucho clima y buen tratamiento de los personajes. Que bueno es ver que las amigas están produciendo y escribiendo excelentes textos. Felicitaciones y un abrazo grande.

Angelica Gorodischer (Rosario, Argentina)



Si tuviera que caracterizar de algún modo tu escritura narrativa, diría que resalta en ella la intensidad pasional, la profunda expresividad de las voces que llega a ser, en muchos casos, expresividad lírica. Y me gusta en particular tu trabajo sobre el “silencio de los inocentes”: de qué manera revela aquello, que los “inocentes”, los desamparados, los ignorantes en la maldad, han visto pero no pueden comprender. Por lo tanto, cuando hablan de eso terrible cuya medida se les escapa, es como si no hablaran, y esa distancia del personaje entre lo que dice y lo que entiende, crea una brecha de silencio intelectual por donde se dispara la comprensión del lector, ella sí, fuertemente conmovida.

María Rosa Lojo (Buenos Aires, Argentina)



Patricia querida, en este verano que no es verano pues estoy irremediablemente sola, me llegó tu presencia con este estupendo hijo tuyo que me atrapa con todas sus neuronas en llamas. No puedo abandonarlo. Me ha cambiado un clima amarillo e insípido, y me lo llenó de nostalgia, de magia inmensa, pero sobre todo de tu alma. Me impresiona el dominio del lenguaje. No existen titubeos, el lenguaje te pertenece. Me conmueven tus personajes, los ambientes, todo. “Las líneas de la mano” es un relato sublime. Gracias por acordarte de mí.

Lucía Carmona (La Rioja, Argentina)



Tus cuentos son entrañables, conmueven y están escritos con belleza y con rigor. Me gustaron todos y cada uno, pero confieso un preferido “La Betty en el andén de Huanqueros”.

Paulina Vindermann (Buenos Aires, Argentina)



Me encanta que tus historias narren esas cosas menudas, y que tus personajes tengan un lugar en el mundo y ese mundo sea Reconquista y zonas aledañas. Será porque soy de allá? En segundo lugar me gusta el peso que le das a las mujeres: siempre yendo del parto a la muerte, y en el medio, el amor. Sos una escritora que no puede prescindir de nombrar al amor, al sexo, con un peso igual al de la vida: se siente en todas tus palabras. El que más me gusto fue “Las líneas de la mano”, por la puerta abierta que deja al lector la escena final, donde la narradora se mira al espejo tratando de parecerse a su hermana. El último cuento de la india, es grandioso. Quiero decir que es un laburazo, una buena historia, y un excelente trabajo con las palabras. Un fuertísimo, palpable crudo y húmedo himno a la vida, en el físico y ritual, momento del parto.

José Pintón (Vicenza, Italia)



Alumnos de la Doctora Ema Paviolo*, desde Eugene, Oregón, USA.


*Ema Paviolo es Profesora de Español, doctorada en Lingüística. Da sus cátedras en la South Eugin High Shool. En los niveles de castellano 2,3 y 4 en el cual incorpora literatura. Dieciséis alumnos prepararon un trabajo de investigación sobre las LINEAS DE LA MANO. La constante que se pudo apreciar es el asombro ante un mundo latino tan diferente al de ellos. Primeramente tuvieron una dificultad global en la comprensión, al leerse el texto en el idioma original, pero luego de sorteado el obstáculo, se compenetraron profundamente del mismo.


Fragmentos de los trabajos:


La Sra Severín usa los sentimientos y los deseos de una chiquita para ilustrar la tragedia de una familia. Lo escribió desde el punto de vista de la hermana menor y esto aumenta la tragedia. Con metáforas hermosas y el uso de costumbres regionales, este escrito florece en belleza y tristeza. Erin Skili


Me enojé leyendo las partes del cuento en que yo me identifico. La hermana, la niña y el abuelo eran como mi familia. Se ve las vidas de las personas en Argentina. Me gusta. Rayna Livort


Me gusta el detalle y la descripción de caracteres. La opinión sobre la muerte es la que yo tengo también. Me gusta el proceso de “el funeral” y ojala que mi funeral sea como esos. Alan Tuig


El cuento es interesante, pero no me gusta cuando la hermana se muere. Megan Daun


Quisiera nombres para todas las personas del cuento, quizá no los nombres reales, pero otros. Los elementos están entretejidos de manera interesante y no es aburrido ni lentos .Y el tópico es muy bueno también. Nohan Fichenschio


“Las líneas de la mano” es un cuento que da importancia a las relaciones entre los miembros de la familia. Severín nos muestra una familia que no es completa tiene abuelo, madre, dos hermanas, pero no padre. En otro tiempo había intimidad, pero ahora sus miembros están distanciados: la familia no es una unidad y el carácter del abuelo es el símbolo de esto. Nadie le escucha, el no tiene un amigo real en la casa. Esta incompleta y perturbada la familia tradicional. Las relaciones de los personajes son complicadas e intensas. La familia se cura con la tragedia y se restaura la relación a partir de la muerte de la hermana mayor.La trama de este texto es como la de un cuento de hadas. Dos hermanas, una mayor y otra menor. En estos cuentos la hermana mayor siempre falta y la menor tiene éxito. Aquí la hermana mayor tiene un príncipe y desconocemos si la hermana menor tuvo éxito, pero se puede suponer que si lo tendrá. La gitana es el otro elemento del cuento de hadas. Ella es la bruja: mujer misteriosa y mágica. La idea de un destino que no puede cambiar. El estilo de Severín es experimental como los autores Salman Rushdie o Arundhati Roy (quienes escriben en inglés). Su estilo es efectivo, de sintaxis fluida y evocadora. Yena Ansberger


En “Las líneas de la mano” (el primer cuento del volumen) está la línea de largada. Ella consigue que su trabajo encuentre la forma, el efecto, el estilo. Y en vez de apoltronarse en el logro, su próximo escrito requiere una aproximación también nueva, otro esfuerzo, y un ajuste profesional diferente. No apuesta a la comodidad, es una obrera de la palabra. Cada vocablo es un ladrillo, y su mente de maestra mayor de obras, y su gusto de arquitecta, y su capacidad de artista, los combina de tal manera que nacen libros como éste.

Graciela Geller (Santa Fe, Argentina)



Severín nos descubre en estos cuentos, un mundo intenso de seres acosados por fuerzas oscuras (la fatalidad, la violencia, las pasiones), esas líneas de la mano que configuran también las líneas de la vida y de la muerte, o los caminos de las desdichas. Es un mundo de atmósferas opresivas, que brotan bajo una pátina engañosamente ligera e invariablemente amena, envuelto en un mundo poético impecable y muy elaborado.

María Angélica Scotti (Rosario, Argentina)



De “La loca de ausencia” (poesía, 1992)


Estamos frente a una escritura que no deja indiferente. Es, por momentos, desaforada, y siempre desgarrada, provocativa, tensa. No hay piedad para sí misma en la voz que la urde; los deslizamientos hacia una ternura contenida, hacia una blandura eventual, no pasan de la dedicatoria. El resto es duro, abrupto, disímil, deliberadamente inarmónico, a veces cortado o deshilvanado de tan tajante, como escrito a salto de mata, en una huída o una cacería. Es decir, como se puede, en momentos de peligro, y al correr de la vida. Estamos frente a un texto de alta temperatura, doloroso y curativo, que concluye en la aceptación de la propia identidad, del propio tiempo, del propio mundo, de la condición femenina que habla desde la escritura, con naturalidad implacable y violenta, sin pudor pero sin exhibicionismos.

María Rosa Lojo, Buenos Aires, Argentina.