Un año sin Olga

Hace un año partió Olga Zamboni. La extrañé cada uno de estos 365 días. Por nuestras charlas, ratos compartidos, sus acertadas lecturas del I ching, su abrazo generoso, la intensidad de su escritura, su amplia mirada sobre la vida, su amistad sin condiciones.

La partida de una amiga es irremplazable.

En su homenaje, acabo de comenzar a ver la serie Wallander. El sueco Henning Mankell, autor de éste personaje inolvidable, figuraba entre sus escritores preferidos junto a Cortázar, Simone de Beauvoir, Saramago, Rosa Montero, Murakami, Clarisse Lispector…

Olga me regaló (para un cumpleaños seguramente), “El ojo del leopardo”. Y aún no pude con él. Pero cuando a una escritora/or le gusta un autor, y te lo recomiendan fervorosamente, una se empeña en verlo con sus ojos. Otra amiga me dio el nombre de la serie y ahora estoy conociendo a Mankell a través de la imagen, viendo como armaba sus tramas, intercalaba las historias, abreviaba los diálogos. Así se llega a veces a un autor, por un camino lateral.

La serie televisiva cuenta con una producción y actuaciones de primer nivel, y con un registro de imágenes intensas y exquisitas. Por supuesto, el guión basado en los textos de Mankell hace que una no pueda desprenderse de la pantalla.

Gracias a Olga pude llegar a él, como a tantos otros escritores/as que me fue presentando a lo largo de los años. Las que nos apasionamos por la literatura sabemos de qué se trata este sortilegio: descubrir una joya envuelta entre las hojas de un libro.

Algún día nos encontraremos nuevamente, querida amiga, allí donde estás ahora, girando libre como fuiste siempre, cerca de la luz eterna.

^ Junto a Rosita Escalada salvo, en una excursión por el corazón de Misiones.

^ En Torres, Brasil.

^ En la Santa Tecla, Ituzaingó, Corrientes, en casa de Chela Zamboni y Beto Maffini, junto a Dolly, esposa de José Gabriel Ceballos.

^ En Reconquista, Santa Fe, junto a Graciela Geller y María del Pilar Lencina.

Acerca de Patricia Severín

Escritora, poetisa, narradora y ensayista argentina. Estudié profesorado de Castellano, Literatura y Latín. Trabajé como productora agropecuaria en zonas rurales al noroeste de la Provincia de Santa Fe. Viví en Reconquista y actualmente resido en Santa Fe Capital.
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2 respuestas a Un año sin Olga

  1. Mario Molfino dijo:

    ¿ Los terruños definen al poeta o es a la inversa ? Haberla escuchado a Olga en algunas conversaciones y hasta en alguna lectura de textos, con su acento del Litoral norte, inclina la balanza por lo primero. Leer su obra, es conocer los meandros de su río, su puente encarnado, el curupí y los caraguatás, los camalotales, el Yrupé, símbolo de la sabiduría y otros tantos asuntos que Olga Zamboni amaba enviviéndolos en sus poemas y relatos. Entonces vamos por lo segundo.
    Llegué a Mankell hace un par de años, precisamente a través de la que considero una de las mejores series de la BBC, el detective Wallander. Será mi afecto atávico con las tierras de la Escandinavia, la errancia del lobo estepario que llevo dentro, ese paisaje desolado de bosques de abedules que cercenan el horizonte del Báltico o mas bien la añoranza del aire gélido en las mejillas. De todo, un poco. Mankell hizo de Wallander un detective inteligente y solitario, pero que muestra en cada historia una astilla fragmentada del alma afligida de Kurt Wallander. Sus diálogos precisos, recortados al extremo, donde hay que imaginar mas de lo que se ve o se oye, sus gestos mínimos, el afecto de su hija a flor de piel e incapaz de encender una caricia aunque lo desee con el corazón y se quede en el intento y mucho mas. Todo ese paisaje sobrio y austero, casi penitente de colores, es el cuadro de Mankell para sus intrincados thrillers. Recuerdo ahora mientras escribo que Pérez-Reverte decía que si volvería a nacer, sería guionista de series, porque encuentra tanta riqueza literaria en estos diálogos que pareciera que la novela, el relato o el cuento se torna audiovisual y el talento del guionista es primordial en los cruces verbales de los protagonistas. Mankell, nacido en esos sitios de casas aventanadas, porque es un país sin sombras y el sol abriga como una vela, logra una película formidable en cada capítulo unitario. Es una saga de sombras y luces perdidas en esos caminos rectos y planos, donde los personajes dicen menos de lo necesario. Es un camino de puntos suspensivos, un puzzle anacrónico, que cada uno debe completar a su manera. Vaya uno a saber los puntos de contacto de Olga con Mankell, pero seguro están hermanados en la emoción del poeta y en la literatura, capaz de darle vida a un yaguareté como a un reno de Laponia.

  2. patricia dijo:

    Mario, Olga fue una gran viajera. Conocía las tierras de Mankell. Conocía casi todo el mundo. Y además fue una gran lectora, una apasionada de la buena literatura. Fue para mi un honor ser su amiga.

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